2 de noviembre de 2013

Traducciones por el mundo - La casa de Riverton

  ¡Hola a todos y feliz puente! Hace aproximadamente miles de años que no actualizo el blog, pero tengo excusas :D Primero... he estado día y noche ocupada con la novela que envié al concurso de Plataforma Neo, que por cierto cerró sus puertas ayer mismo. La verdad es que pase lo que pase estoy orgullosa con el trabajo que he hecho (y eso es lo importante). ¡La suerte ya está echada! Y también he estado de vacaciones en Bilbao, ¡una ciudad preciosa! Os recomiendo encarecidamente a todos visitarla si aún no lo habéis hecho.

  ¿Y qué os traigo hoy? Pues hoy vengo con una entrada que pretende dos cosas: hacer un (más que humilde) llamamiento a las editoriales para que le presten más atención a las traducciones, y alimentar un poquito más esa sección tan abandonada del blog. 

¿No os lo he dicho? ¡Ya he empezado el Máster de Edición de Santillana junto con la UCM! Y la verdad es que es genial, me hace muchísima ilusión, ya hemos tenido varias clases y para una persona a la que le gustan tanto los libros como a mí no puedo imaginar un trabajo más enriquecedor y que te haga sentir más realizado que el de editor (bueno, quizá tener la suerte de poder vivir de los libros que tú mismo escribes lo supere... pero como ya sabemos que ese es un camino muy difícil, es necesario un plan B) A partir de ahora, cada vez que aprenda algo que piense que os puede interesar, lo compartiré aquí con vosotros.




  En una de las clases estuvimos hablando de la importancia del traductor y la poca atención que le prestan algunas editoriales (no en vano, el traductor literario es el peor pagado). En el caso del libro que os traigo hoy, la editorial (que por cierto es Santillana, ya que se trata de un ejemplar de bolsillo de Punto de Lectura, que pertenece al mentado sello) sí le da al traductor cierta importancia, al menos la que ya hoy en día se suele dar (en el pasado ni eso) ya que su nombre aparece en la página que nos da todos los datos del libro justo debajo del de la autora. Sin embargo, desde mi punto de vista han cometido un fallo bastante grave al haber confiado demasiado en su traductora y no haber hecho una segunda corrección del texto con un segundo traductor o algo así. Teniendo en cuenta los errores de traducción de Luisa Borovsky, la traductora del libro, me inclino a pensar que a pesar de que su lengua materna es el castellano, debe tener un bilingüismo demasiado dominante por parte del inglés, porque he encontrado calcos que no se justifican.

 En literatura, el traductor debe ser SIEMPRE un nativo de la lengua a la que se traduce el texto. SIEMPRE. E incluso esto confirma mi teoría de que el traductor en cuestión no debe estar muy influenciado por la lengua de la que parte el texto, porque entonces se le pueden pasar cosas que a sus oídos suenen perfectamente pero no a los del lector de la lengua a la que lo ha traducido. Porque incluso en este caso, un traducción con una prosa exquisita, se cuelan fallos, fallos a veces casi imperceptibles, imagino que no todo el mundo los aprecia. Pero para alguien que ha estudiado Filología Inglesa, como es mi caso, que ha estudiado varias asignaturas de Traducción y que se quiere dedicar a la Edición, saltan a la vista como una alarma de incendios al oído. Y resulta que el mío no es un caso aislado: el grueso de los lectores en un país que no lee como el nuestro son filólogos, traductores, editores, gente a la que le encantan los idiomas... es decir, gente que puede muy probablemente DARSE CUENTA.

Llevo cien páginas leídas de La casa de Riverton, y la verdad es que me está gustando mucho. Imagino que para la semana que viene tendréis reseña. Pero en tan sólo cien páginas, he encontrado los siguientes errores, que para mí podrían haber sido muy fácilmente solventados. Quizá sea injusto meterse con este libro ya que errores de traducción los hay en todas partes. Pero es que en este caso tenía una confianza casi ciega en la edición y me ha decepcionado encontrar tales errores:

Pg. 25:

-Mamá es un poco sorda -apuntó Ruth-. Algo previsible a su edad. [...]

Soy obstinada, lo sé. Pero no soy sorda, y no me gusta que la gente suponga que lo soy [...] puedo oír tan bien como siempre. Lo que sucede es que con la edad he aprendido a escuchar sólo lo que deseo oír.

¿Es tan evidente el error para vosotros como para mí? Una persona mayor que no escucha no "ES SORDA", sino que "ESTÁ sorda", o incluso "se está quedando sorda". Ser sordo es serlo de verdad, es decir, que naciste sordo o te quedaste sordo por una enfermedad, o cosas así. Si un anciano me dice que es sordo supondré que lo es porque lo ha sido siempre o casi siempre, no porque lo esté debido a la edad. En inglés, en ambos casos se habría empleado el verbo "To Be". Pero no en castellano. Un error imperdonable.

Pg. 29:

-Mamá, ¿qué es esto? -preguntó mientras sacaba un pañuelo y lo pasaba por mi cara-. ¿No te sientes bien?

Ese "¿qué es esto?" chirría tanto como una puerta mal engrasada. En inglés es muy común soltar un "What's this?" casi como una coletilla, como una interjección. Pero en castellano NO DECIMOS "¿qué es esto?" si en algún momento ocurre algo que no entendemos o nos encontramos en medio de una conversación que no hemos seguido desde el principio. Lo normal sería un comúnmente utilizado por todos nosotros "¿Qué pasa?". Quizá en Argentina (país natal de la traductora) lo que ella ha escrito sirva. Pero no en España.


Pg 55. 

[Hablando de los sirvientes de la casa]

Katie, la fregona, limpiaba sartenes, mientras miraba sin ver los cristales empañados de la ventana.

Uno de mis favoritos. ¿La fregona? ¿LA FREGONA? ¿No había otra opción? ¿Quizá fregadera?


Pg 79.

[...] Cuando hayas completado tus cursos en Eton y hayas pasado por Sandhurst será diferente.
-Si es que puedo completar mis cursos en Eton e ir a Sandhurst -advirtió David con firmeza.

En este caso el error es TAN SUTIL que podría pasar desapercibido muy fácilmente. Al ser una cita lo he puesto todo en cursiva, menos el "Si", lo que quiere decir que en el libro sucede lo contrario: el "Si" está en cursiva. Sólo puede haber un motivo: el personaje que dice la frase ha hecho énfasis sobre esa palabra para darle un significado especial. En inglés estaría perfecto: "IF I can do whatever". Pero ningún hablante del castellano pondría énfasis sobre la palabra "si" y luego diría el resto de carrerilla sin ninguna acentuación. Si el hablante en este caso quisiera hacer énfasis sobre la posibilidad de que la cosa de la que se habla nunca ocurra, entonces pronunciará de manera enfática "Si es que puedo", TODO, no sólo el primer "Si". Si no me creéis, probad a pronunciarlo vosotros.


Hasta aquí mi furia de traductora :D. No quiero cansaros más. Seguro que en las cuatrocientas páginas que me faltan encontraré más errores, pero esos ya os los dejo a vosotros. 

¡Hasta la semana que viene!

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